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sábado, 4 de julio de 2020

TIRANA 2020 EN CASA

Nuestro Blog en conjunto con el Programa de Radio On Line de la Casa de Jóvenes San Felipe de Jesús de los Hermanos Franciscanos de Chile, produciremos dos capítulos del programa "AQUI ESTAMOS" con exclusiva dedicación a las celebraciones de Nuestra Señora del Carmen de la Tirana 2020 en Casa. Les invitamos a seguir el Instagram de la Casa de Jóvenes y a suscribirse al Canal de YouTube Tau Media y Colliosses.
No olvides, Viernes 10 de Julio y Viernes 17 de Julio a las 12 hrs del mediodía.

martes, 7 de febrero de 2017

La Virgen María y San Francisco de Asís


"Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre  las mujeres ninguna semejante a ti,  hija y esposa del altísimo y sumo Rey, Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo,  esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, con San Miguel arcángel  y con todas las virtudes del cielo y con todos los santos,  ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,  como era en un principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos". Amén. (Antífona del Oficio de la Pasión-San Francisco de Asís) 

sábado, 2 de julio de 2016

viernes, 9 de noviembre de 2012

Mes de María 2012


 PIEDAD POPULAR Y LITURGIA

A propósito del Mes de María

El texto que ponemos a su disposición es una reflexión realizada entre la Comisión Nacional de Santuarios y Piedad Popular y la Comisión Nacional de Liturgia, ambas de la Conferencia Episcopal de Chile.
En estos días comenzaremos el Mes de María, motivo por la cual nos ha llevado a reflexionar sobre la relación entre Piedad popular y Liturgia. En algunas este mes dedicado a María se reza en la celebración eucarística. Esta devoción mariana hecha en la celebración de la misa  debe estar presentes de una manera armoniosa, sin ir en detrimento de una o de otra, como también poder elegir otras opciones para celebrar mejor y para que no se creen confusiones en el Pueblo de Dios.
Este artículo comienza con mostrar en la misma práctica celebrativa y cultual se dan elementos comunes que enriquecen mutuamente a la liturgia y a la piedad popular (parte I).  Aún así, es necesario trabajar por un disponer de una clara armonía entre ambas (parte II). La piedad popular mariana ha estado presente desde los primeros siglos del cristianismo, por eso su lugar en la piedad de la Iglesia no es menor. Después del Concilio Vaticano II ha valorado el papel de la Virgen María como ejemplo de vida para todo cristiano (parte III). Para terminar, trataremos de una manera simple el mes de María y su relación con la Liturgia: el lugar en el año litúrgico y algunas propuestas para el arte de celebrar la liturgia en el contexto del mes de María (parte IV).

       I.            Relación entre Liturgia y Piedad Popular
La relación que existe entre la Liturgia y las diferentes manifestaciones la Piedad Popular como lo veremos a continuación (especialmente el Baile Religioso, Canto a lo Divino y Cuasimodo) se desarrolla en un ambiente  litúrgico con un rico sentido estético y simbólico.
En el discurso  inaugural del Santo Padre en Aparecida nos invitó a realizar una mirada “positiva  de reflexión” hacia la Piedad Popular considerándola como  “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América latina”[1]. Junto a ello queremos destacar la importancia que tendrá la Piedad Popular en este “Año de la Fe” que se realiza en el cincuentenario del Vaticano II y del veinte aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica. El próximo 5 de mayo, en Roma, se llevará a cabo una jornada dedicada a la fe y a la piedad popular.
Para reflexionar sobre su relación hay que considerarla  sobre todo a la luz de las directrices contenidas en la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, las cuales buscan una relación armónica entre ambas expresiones de piedad, aunque la segunda está objetivamente subordinada y orientada a la primera. La liturgia recoge la totalidad de la persona humana para disponerla en diálogo celebrativo con el Dios creador y redentor en Jesucristo. Además posee un sentido comunitario y festivo que implica la participación del creyente, “toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia». Debe ser superado, por lo tanto, el equívoco de que la Liturgia no sea «popular»: la renovación conciliar ha querido promover la participación del pueblo en las celebraciones litúrgicas, favoreciendo modos y lugares (cantos, participación activa, ministerios de laicos) que, en otros tiempos han suscitado oraciones alternativas o sustitutivas de la acción litúrgica[2].
En las diferentes celebraciones  de la Piedad Popular podemos constatar que en ellas se aprecia un hondo sentido litúrgico, ya que son vivencias de expresiones simbólicas y rituales que ayudan, a través de sus signos y gestos, al encuentro con Dios;  “la celebración de nuestra fe en Cristo también encuentra su profunda manifestación en los sacramentales y entre ellos encontramos la piedad popular”[3]. ”El lenguaje verbal y gestual de la Piedad Popular, aunque conserve la simplicidad y la espontaneidad de expresión, debe siempre ser cuidado, de modo que permita manifestar, en todo caso, junto a la verdad de la fe, la grandeza de los misterios cristianos”.[4]

Entre las  manifestaciones  propias de la Piedad Popular encontramos  la música, el canto, la vestimenta y la danza,  con lo cual se expresa el anhelo del vínculo y diálogo con Dios y, a la vez, recoge el hondo sentimiento de la expresión de la fe, en la confianza y entrega. En muchas ocasiones estas experiencias tienen un carácter sacrificial.

La música, que en muchas ocasiones viene de una  tradición cultural propia, y que incide en el ámbito social y religioso, “hay que darle  la debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al acomodar el culto a su idiosincrasia”[5].
El canto, expresión natural del alma de un pueblo, ocupa una función de relieve en la piedad popular. El cuidado en conservar la herencia de los cantos recibidos de la tradición debe conjugarse con el sentido bíblico y eclesial, abierto a la necesidad de revisiones o de nuevas composiciones”[6].
La danza, como arte, que por medio del cuerpo expresa sentimientos humanos, puede tornarse en oración cuando la persona en su integridad se eleva a Dios. Actualmente “la Iglesia respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma Liturgia, con tal que se pueda armonizar con su verdadero y auténtico espíritu.”[7]
La vestimenta utilizada  en la piedad popular, además de lo cultural, quiere significar  la gracia nueva que Cristo regala, por medio de un rito de imposición y bendición.  Cristo mismo es «revestido» es objeto del acto de ser revestido (Gálatas 3, 27).  Así, el vestido instrumento de la necesidad humana de adorno se convierte en el medio de expresión de la nueva realidad de fe.
El lugar donde  la Piedad Popular  manifiesta sus prácticas de devoción es la Iglesia,  especialmente en los santuarios, en donde “el peregrino realiza numerosos actos de culto, tanto de orden litúrgico como de piedad popular”[8]. También encontramos otros lugares, “manifiestamente reservados a la oración comunitaria y privada, como la casa, los ambientes de vida y de trabajo; en algunas ocasiones, también las calles y las plazas se convierten en espacios de manifestación de la fe”[9].
Tanto los Bailes Religiosos como el Cuasimodo se realizan en un ambiente de procesiones y peregrinación, las que “se deberán orientar  hacia la celebración de la Liturgia: presentando el recorrido de iglesia a iglesia como camino de la comunidad que vive en el mundo hacia la comunidad que habita en el cielo; procurando que se desarrollen con presidencia eclesiástica, para evitar manifestaciones irrespetuosas o degeneradas; estableciendo un momento inicial de oración, en el cual no falte la proclamación de la Palabra de Dios; valorando el canto, preferiblemente de salmos y las aportaciones de instrumentos musicales; sugiriendo llevar en las manos, durante el recorrido, cirios o lámparas encendidas; disponiendo las estaciones, que, al alternarse con los momentos de marcha, dan la imagen del camino de la vida; concluyendo la procesión con una oración doxológica a Dios, fuente de toda santidad, y con la bendición impartida por el Obispo, presbítero o diácono”[10]
En el caso del canto a lo Divino y su participación en los “velorios”  es necesario “que sea formado por los principios de la fe cristiana, como el sentido pascual de la muerte de los que, mediante el Bautismo, se han incorporado al misterio de la muerte y resurrección de Cristo (cfr. Rom 6,3-10); la inmortalidad del alma (cfr. Lc 23,43); la comunión de los santos, por la que "la unión... con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe; antes bien, según la constante fe de la Iglesia, se fortalece con la comunicación de los bienes espirituales": "nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor"; la resurrección de la carne; la manifestación gloriosa de Cristo, "que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos"; la retribución conforme a las obras de cada uno; la vida eterna”[11].

    II.            Armonizar  relación  entre Liturgia y Piedad Popular
Cuando constatamos que en  Aparecida se reconoce el legítimo valor de la Piedad Popular, podemos decir que toda expresión de  religiosidad popular debe extraer de la liturgia, como fuente, la fe y el compromiso de vida, y modelarse en las orientaciones  que emanan del misterio litúrgico, por lo que es necesario  armonizar su relación.
La Piedad popular es también una “celebración" ya que es una  experiencia de fe que llega a ser una  fiesta religiosa, que “surge  de una necesidad muy grande por vivir y compartir los bienes, pues así se afianza el sentido de la fraternidad al descubrirnos hijos de Dios; y hermanos”[12]. Como se indica en la Constitución litúrgica: "Es preciso que estos mismos ejercicios (de piedad popular) se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada Liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos"[13]. Una consideración atenta de estos principios debe llevar a un verdadero empeño para armonizar la Piedad Popular con la Liturgia, es decir "sin fusionar o confundir las dos formas de piedad"; para evitar, consiguientemente, la confusión y la mezcla híbrida de Liturgia y ejercicios de piedad; a no contraponer la Liturgia a los ejercicios de piedad o, contra el sentir de la Iglesia, eliminarlos, produciendo un vacío que con frecuencia no se ve colmado, en perjuicio del pueblo fiel”[14].
En toda celebración de piedad popular deberíamos encontrar todo los principios que manan de la liturgia “como modelo estructurador válido”[15], por ejemplo: el componente bíblico del anuncio ““En las palabras de la Biblia, la piedad popular encontrará una fuente inagotable de inspiración, modelos insuperables de oración y fecundas propuestas de diversos temas. Además, la referencia constante a la Sagrada Escritura constituirá un índice y un criterio, para moderar la exuberancia con la que no raras veces se manifiesta el sentimiento religioso popular, dando lugar a expresiones ambiguas y en ocasiones incluso incorrectas”[16] ;  y de la oración; el carácter simbólico, la nota misionera y escatológica del culto cristiano; el compromiso del testimonio y por la liberación.
En las celebraciones de la piedad popular “es válido el principio relativo al empleo litúrgico de las imágenes de Cristo, de la Virgen y de los Santos, tradicionalmente afirmado y defendido por la Iglesia”[17], ya que ellas  ayudan a los fieles a colocarse delante de los misterios de la fe cristiana. Los santos son testigos históricos de la vocación universal a la santidad; “es preciso recordar que el objetivo último de la veneración a los Santos es la gloria de Dios y la santificación del hombre, mediante una vida plenamente conforme a la voluntad divina y la imitación de las virtudes de aquellos que fueron discípulos eminentes del Señor”[18].

 III.            Liturgia y la piedad popular mariana

El amor  a la santísima Virgen que encontramos en la piedad popular  “brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres”[19]. Los más pobres la sienten cercana y ellos saben que fue ella pobre como ellos, que sufrió mucho, que fue paciente y mansa. Sienten compasión por su dolor en la crucifixión y muerte del Hijo, se alegran con ella por la Resurrección de Jesús. Celebran con gozo sus fiestas, participan con gusto en sus procesiones, acuden en peregrinación a sus santuarios, les gusta cantar en su honor, le presentan ofrendas votivas.
            El pueblo de Dios manifiesta su experiencia en las diferentes expresiones populares como también en la celebración litúrgica en donde “las relaciones entre la Liturgia y la piedad popular mariana se deben regular a la luz de los principios y las normas que han sido presentadas varias veces en esta reflexión. En cualquier caso, con respecto a la piedad mariana del pueblo de Dios, la Liturgia debe aparecer como "forma ejemplar", fuente de inspiración, punto de referencia constante y meta última”[20]. Tal como lo recuerda Aparecida, para la Piedad Popular,  María tiene un rol fundamental. Es Madre, discípula y misionera. Modelo ejemplar del seguimiento de Cristo y esperanza para el éxito de nuestro propio seguimiento[21]. La devoción mariana constituye un modo muy seguro para caminar “Con María a Cristo”, siendo ella estrella del camino de la fe.

IV. El “Mes de María” y la Liturgia.
            Entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre en Chile rezamos el Mes de María. Dedicamos un mes para prepararnos a la Solemnidad del 8 de diciembre: la Inmaculada Concepción. En el año litúrgico la gran parte de este mes se reza en el tiempo ordinario; y la otra, en Adviento. La figura de la Virgen María en adviento es muy sugestiva: “Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador”[22]. Por lo tanto las comunidades, en especial los equipos de liturgia, deberán hacer notar en el mes de María durante Adviento estas notas características de María. Y la solemnidad de la Inmaculada Concepción “en cuanto preparación fontal al nacimiento de Jesús, se armoniza bien con algunos temas principales del Adviento: nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento, empleados también en la Liturgia del Adviento”[23]. Por tanto, la invitación a las comunidades que se reúnen en torno a la Madre del señor, con o sin la celebración eucarística, están invitadas a hacer presente el sentido mariano del Adviento.
            Al apreciar las diferentes prácticas de nuestras comunidades, la mayor parte de ellas rezan las oraciones del Mes de María durante la celebración eucarística. El esquema no es claro al momento de combinar la Liturgia y las oraciones del mes. Incluso las diferentes publicaciones que se ofrecen no hay propuestas para crear una buena armonía.
            Desde la Liturgia, podemos encontrar algunas opciones que nos permitirían celebrar mejor la Liturgia en una clara armonía con el Mes de María:

1.   El Mes de María en los dos tiempos litúrgicos:
a)   La gran parte del mes de María lo rezamos en el tiempo ordinario. En el caso de rezarlo en la eucaristía, el Misal Romano nos ofrecen algunas opciones de Misas, salvo cuando hayan otras fiestas o memorias obligatorias:
-   “Común de la santísima Virgen María”, tiempo ordinario (en el Misal romano páginas 832-838).
-   “Misas Votivas de Santa María Virgen”, celebrando algunos de los títulos marianos (en el Misal Romano páginas 1065-1069).
b)  Y también este mes se desarrolla en Adviento. En el Misal romano encontramos:
-   Misas del “Común de la santísima Virgen maría” para tiempo de Adviento (Misal páginas 839-840).
c) en algunas comunidades cuentan con el Misal y leccionario marianos. En estos libros encontramos varias opciones para la eucaristía, tanto en las oraciones como en lecturas bíblicas para ambos tiempos litúrgicos.
2. El mes de María en la misma celebración litúrgica.
La eucaristía es la celebración del Misterio pascual de Cristo, por tanto es Cristo que se hace presente. La presencia de María en la celebración eucarística la encontramos en la Plegaria eucarística. Algunos ejemplos: la Iglesia venera a la Virgen María junto a los santos (Canon I), merecer con ella la vida eterna (Plegaria eucarística II), gozar la heredad junto con ella (Plegaria eucarística III), reunirnos con ella en el Reino de Dios (Plegaria eucarística IV).


Propuestas para el Arte de celebrar la eucaristía en el Mes de María.
            Ahora bien, nos preguntamos ¿cómo armonizar la eucaristía en donde el centro es Cristo con la devoción mariana en donde se alaba a la santísima Virgen María?
-  Las oraciones del Mes de María se deben realizar antes de los ritos iniciales y después de la bendición final de la celebración eucarística.  En cuanto a las lecturas bíblicas, es de desear que se siga el curso de las lecturas bíblicas indicadas en el ordo litúrgico.
- Las moniciones de entrada y de la Liturgia de la palabra se puede resaltar la centralidad de Cristo y su relación con María.
-  En la homilía se pueden resaltar algunas virtudes de la Madre de Dios en relación a las lecturas bíblicas, o también hacer la homilía a partir de un ícono o imagen de la Virgen puesta en un lugar visible, del lugar de María en la plegaria eucarística o de las oraciones de la Misa, como la colecta o los prefacios.
- La Oración universal pueden estar incluida algunas peticiones con imágenes marianas.
-   Al momento de preparar el lugar para la imagen de la Virgen María, se debe cuidar que sea visible, no obstaculice la visibilidad de los lugares importantes de la celebración litúrgica como el altar, ambón y la sede. Una sugerencia: sería interesante ubicar la imagen de la Virgen cerca del altar, para resaltar que el Hijo de María se “encarna” en la palabra proclamada en la liturgia.
-  Los cantos deben hacer participar a la asamblea, y debe cuidarse que no sean un adorno a la liturgia, sino un signo litúrgico, es decir, que todos puedan cantar y que corresponda al momento celebrativo. En algunos santuarios marianos existe un cancionero oficial, texto que puede ayudar a otras comunidades a celebrar mejor este mes en la celebración litúrgica.


P. Francisco Basáñez PSCH
P. Cristián Eichin OFM



[1] Documento de Aparecida (en adelante: DA) n° 258
[2] DPPyL n°11
[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante C.E.C.) nos. 1674-1675-1676
[4] DPPyL n°14
[5] SC n°119
[6] DPPyL n°17
[7] SC n°37
[8] DPPyL n°286
[9] DPPyL 19
[10] DPPyL n°247
[11] DPPyL n°257
[12] DA n°262
[13] DPPyL n°58
[14] DPPyL n°74
[15] DA n°99b
[16] DPPyL n°87
[17] DPPyL n°17
[18] DPPyL n° 212 y C.E.C. nn. 1674-1675-1676
[19] DPPyL n°183
[20] DDPyL n° 184
[21] Cf. DA n°266 ss
[22] DPPyL n° 101
[23] DPPyL n°102

viernes, 10 de febrero de 2012

Espiritualidad mariana


Características de una espiritualidad mariana hoy

Con ocasión de una conferencia sobre "Una espiritualidad para nuestro tiempo", enmarcada en el Pueblo de Dios que peregrina en América Latina, Luis Fernando Figari resume un poco las características de una espiritualidad mariana hoy. Esto es lo que dice: «La realidad e importancia de María ha ido desvelándose ante la conciencia cristiana a través de un largo proceso histórico. Desde las escasas referencias en la misma Sagrada Escritura, pasando por la creciente y rica reflexión de la comunidad cristiana a través de los siglos, hasta la proclamación de los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de Santa María, marcan un proceso de creciente presencia mariana en la vida cristiana.

La relevancia que el tema mariano ha ido adquiriendo en el Magisterio de los últimos Pontífices permite constatar un cierto in crescendo, hasta arribar al Totus tuus del Papa actual, que apunta hacia un horizonte mayor. La rica mariología conciliar, la proclamación de María Madre de la Iglesia, resaltando su maternidad espiritual sobre todos los fieles, así como la mariología de Puebla y Santo Domingo, que muestra a la Madre cercana y compasiva con los hijos que peregrinan por las empobrecidas tierras latinoamericanas, manifiestan claramente que por razones teológicas, no menos que por los signos de la historia, una espiritualidad de hoy y mañana debe llevar la impronta mariana.

Ahora bien, si se considera necesaria una perspectiva de síntesis, la mariología no deberá estar yuxtapuesta a otros elementos, ante los cuales aparece como extraña y, por tanto, en virtud de la pluralidad de elementos disconexos de una concepción atomizada, es excluida de la atención, salvo cuando por alguna ocasión se hace necesario referirse a ella. En la espiritualidad hodierna la mariología debe aspirar a responder plenamente al Plan de Dios y, en consecuencia, debe estar orgánicamente insertada. Esta organicidad evitará un doble peligro: por un lado una especie de mariolatría, totalmente desproporcionada, y por ello inaceptable; y por otro una marginalización en que queda excluida de la globalidad del mensaje salvífico y de la vida de fe, salvo como una especie de adorno. Cada vez es mayor la convicción de que la misma cristología requiere una mariología para ser plenamente cristología. No hay que perder de vista que al Señor Jesús no se le entiende si no es como Hijo del Padre e Hijo de María.

Por cierto decoro, cuya razón los avisados percibirán, prefiero seguir desarrollando las características de esta nota de la espiritualidad de nuestro tiempo citando a Esteban De Fiores, profesor de mariología en el Marianum, de Roma, en una publicación de 1979. Luego de señalar que siguiendo la perspectiva post–tridentina de hoy, es preciso encuadrar la dimensión mariana en todo el fenómeno cristiano, sostiene: "Una vez salvaguardados los valores esenciales del cristianismo, la relación con María puede profundizarse sin peligro alguno. Por eso hay que sostener la orientación actual de la espiritualidad, que apunta a la vida en Cristo y dentro de la cual tiene su sitio la actitud que hay que tomar respecto de María. Es una recuperación de la perspectiva primitiva cuando la comunidad apostólica descubrió a María como implicación del misterio de Cristo y se abrió a la alabanza de la Madre de Jesús; o bien, cuando la liturgia primitiva dio cabida a María en el contexto de la comunión de los santos, descubriendo en ella su presencia activa. En este contexto —sigue De Fiores—, la relación con María es una consecuencia antes que una premisa del misterio de Cristo; el itinerario cristiano parte realmente de Cristo, centro vivo de la fe y del anuncio; encuentra en él a María, a la Iglesia y al mundo y vive con él en comunión con el Padre en la luz del Espíritu. El camino señalado por el lema a Jesús por María debe completarse e insertarse en una fase anterior, que parte de Cristo para abarcar todas las realidades incluida María, la cual se convierte a su vez en camino pare alcanzar no ya la unión con Cristo, que existía anteriormente, sino su profundización y un arraigo mayor".

He preferido que "hable" De Fiores -dice-, aunque no es latinoamericano, para que sea su pensamiento el que permita descubrir cómo el Espíritu va guiando a su Pueblo, inspirando, en un tiempo histórico dado, aproximaciones que en lo nuclear son semejantes. No he querido, por ello, ni siquiera matizar algún aspecto de la opinión de De Fiores, lo que sería preciso desde nuestra perspectiva».

En otra ocasión, el fundador del MVC escribe: «María, estrella de la evangelización, y Ella misma evangelizadora guía al Pueblo en su peregrinar. Al ejercer su maternidad, amando a su Hijo en sus hijos de los diversos países que conforma el Pueblo Continente, Ella ha sido reconocida como paradigmática creyente, Madre inmaculada de la Iglesia y cabeza maternal de la familia eclesial. El Pueblo de Dios la reconoce, igualmente como Madre fiel siempre presente, que educa en la fe al tiempo que cuida la vida y vela por la plenitud de sus hijos, y que en cierta especial manera sale al encuentro de sus hijos en los muchos santuarios que adornan la geografía de América Latina.

La respuesta a tal Madre amantísima, venerada con piedad filial (Puebla 286), se manifiesta en el rol activo que tiene la fe de los latinoamericanos y las devociones marianas que en bella pluralidad de expresiones se extienden por todo el Sub-Continente». (El resto del texto se puede leer en su obra María desde Puebla, publicada en Lima por el Fondo Editorial, FE, en 1992).

Fuente: mercaba.org


viernes, 11 de noviembre de 2011

Mes de María 2011


El Rosario como Oración Contemplativa

Thomas Keating


El origen del rosario se sitúa en la primera Edad Media. Su invención en aquella época fue muy ingeniosa porque en aquellos días no había libros y cuando los fieles ordinarios iban a la iglesia los domingos no podían entender lo que decía el Evangelio, porque se proclamaba en latín. Así pues, el pueblo común no tenía acceso a la Escritura. El rosario, basado en la repetición del padrenuestro que Jesús nos enseñó, y en textos de la Escritura que forman el avemaría, formuló estas oraciones vocales simples de una forma que los laicos ordinarios podían recitar fácilmente. En efecto, el rosario se convirtió en el oficio de los laicos. También se convirtió progresivamente para algunos en un método que conducía a la oración contemplativa, aun cuando obviamente es un método de concentración distinto del método receptivo con el que seamos familiarizados en la oración centrante.

La tradición, tal como la entiendo, ha mantenido siempre que hay tres formas de rezar el rosario. Podemos unir dos o tres de ellas, si lo queremos. La oración básica del rosario es la recitación de las oraciones vocales, es decir, basta con recitar los padrenuestros ("Padre nuestro") y las avemarías ("Dios te salve María") tal como están agrupados en las cuentas – un padrenuestro en la cuenta grande, seguido por diez avemarías en las pequeñas-. Cada uno de estos grupos - un padrenuestro, diez avemarías y una doxología final - forma un misterio.

Un avance significativo en el desarrollo de la devoción del rosario se produjo cuando a la simple recitación de las oraciones vocales se añadió la reflexión sobre los grandes misterios de la fe. Se asoció cada uno de los quince misterios del rosario con una de las grandes fiestas de Jesús y de María celebradas en la liturgia como la anunciación, la visitación, la natividad, la presentación, el niño perdido y hallado en el templo – los cinco primeros de los quince misterios - . (El término "misterio" se refiere a la gracia del acontecimiento, la creencia en que Dios estaba de alguna manera presente en el acontecimiento particular y se revelaba de una forma única a través de él). Así, el rosario se convirtió en un verdadero compendio de la liturgia. Quienes recitaban los quince misterios del rosario en un día o en una semana podían tener a acceso a áreas completas de la Escritura que, de lo contrario, habían permanecido cerradas para ellos a causa de la falta de formación o de conocimiento de la lengua latina. Esta práctica - la segunda forma de rezar el rosario - permitió a los creyentes profundizar sobre estos grandes misterios. La tercera forma de rezar el rosario era simplemente descansar en la presencia de Dios, de María o de uno de los misterios.

Imagínate que practicas la recitación de una parte significativa del rosario - por ejemplo, cinco misterios - como una devoción diaria. ¿Adónde te llevaría esto? A una amistad más profunda con Cristo. En el momento en que comienzas a orar, haces un acto de fe en la presencia de Dios y de esta forma entras de nuevo en contacto con la gracia de tu bautismo. En el bautismo la divina Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) entra en nuestro ser más íntimo y habita en él, a no ser que nos opongamos deliberadamente a esta presencia con un pecado muy grave y totalmente deliberado.

Llegado un momento de nuestra vida, tenemos que ratificar lo que se hizo en el bautismo y hacerlo nuestro; de lo contrario, su realización plena quedará limitada. La única forma de hacer nuestra una cosa es hacernos responsables de ella. Esto requiere reflexión y elección. En cualquier caso, por el bautismo nos convertimos en una célula del cuerpo místico de Cristo. El mismo Espíritu que habita en Jesús, el Cristo vivo y glorificado, habita también en nosotros, de forma que nos convertimos en miembros vivos del cuerpo de Cristo que se extiende en el tiempo.

El cuerpo místico de Cristo se manifiesta en la comunidad cristiana por la proclamación del Evangelio y la oración eucarística, pero especialmente en la santa comunión. Nótese que el término no es "santa conversación", sino "santa comunión", lo que implica el sentido intuitivo de la presencia de Cristo, donde no tenemos que decir nada, sino simplemente gozar de su presencia y consentir en la verdad y el amor que nos ofrece. Cristo está siempre presente dentro de nosotros en su naturaleza divina como la Palabra eterna del Padre. La santa comunión tiene el objetivo de despertarnos a la presencia permanente de Cristo que comenzó en el bautismo, se hizo más profunda en el sacramento de la confirmación y más honda aún en nuestra oración personal y la recepción frecuente de la eucaristía.

En el cristianismo es esencial el crecimiento en la relación con Cristo, una relación que se profundiza constantemente y se dirige a todos los niveles de nuestro ser: no solo nuestro cuerpo, mente o imaginación, no sólo nuestro corazón, sino nuestro ser más íntimo donde la palabra reverbera en el silencio y donde se realiza la divina unión. Una vez que hemos oído la palabra de Dios en este nivel profundo, hemos oído finalmente todo el mensaje del Evangelio.

A mi juicio, el rosario está al servicio de ese proyecto en gran medida como la lectio divina, a la que nos hemos referido con cierto detalle. Entran en juego los mismos principios. La forma en que desarrollamos la amistad con Cristo es a través de la reflexión sobre los misterios de su vida. El rosario es una forma organizada de ayudar a las personas a reflexionar sobre los misterios sin tener que leer toda la Escritura, que, como hemos dicho, no ha sido accesible hasta hacer relativamente poco tiempo. De una forma simple, día tras día, los creyentes recitaban y reflexionaban sobre los quince misterios. De este modo se sumergían en un ambiente bíblico y quedaban capacitados para establecer una relación entre la vida diaria y esas fuentes fundamentales de la inspiración cristiana. Al acudir al trabajo o al realizar sus deberes en casa, con frecuencia llevaban consigo un rosario y tal vez rezaban un misterio de vez en cuando, de forma parecida a como actualmente en ocasiones se reza el rosario mientras se viaja o se espera el autobús.

Naturalmente, no es necesario rezar el rosario de una vez. No es obligatoria recitar un cierto número de misterios cada vez. Pero tiene mucho sentido reservar un tiempo específico, si queremos rezar el rosario como una devoción principal, de forma que podamos prestar total atención. Después, podemos usarlo como la base de nuestra conversación con Cristo. Un encuentro regular, si no diario, es la disciplina esencial para llegar a conocer a alguien, y también a Dios.
Al igual que sucede en la lectio divina, en el rosario hay un movimiento inherente de la reflexión al simple descanso en Dios. Imagínate si dedicas media hora al rosario cada día. Supón que mientras reflexionas sobre los misterios, sientes una atracción interior a guardar silencio en presencia de Nuestra Señora y asimilar únicamente la dulzura de su presencia con tu espíritu interior.

Podrías sentir la cercanía de la divina presencia en tu interior de la misma manera que la proximidad de Nuestra Señora. Esto es lo que quiere decir con el término "descansar en Dios". El camino hacia la contemplación es ir más allá de las oraciones vocales y más allá de la reflexión cuando sientes la atracción de guardar silencio. Éste es el momento en que deberías sentirte libre para dejar de decir las oraciones vocales y seguir la atracción de quedarte callado, porque tanto las oraciones vocales como la meditación discursiva están destinadas a conducirnos gradualmente a ese lugar secreto y sagrado.

Éste es su único propósito. Muchos no lo comprenden y piensan que tienen que rezar un número determinado de misterios o un número determinado de oraciones.

Éste no es el propósito del rosario.

Cuando te comunicas con un amigo o con un ser querido, la conversación ha de ser espontánea y cuando te sientes inclinado a descansar en el otro, tienes que permanecer en silencio. Si la otra persona habla o si tú dices algo, se rompe ese nivel particular de comunicación y volvéis a la conversación. Cuando pasa la sensación de descansar en Dios, puedes volver a tu recitación del rosario donde lo dejaste. Si no tienes tiempo para ello, no importa. No hay ninguna obligación de terminar nada. En realidad la compulsión de completar un cierto número de oraciones vocales dificulta la espontaneidad en la oración contemplativa. Es necesaria la libertad interior para seguir el movimiento del Espíritu tanto en nuestras reflexiones como en nuestra relación con la comunicación silenciosa.

Esa libertad es renovadora.

Conozco a muchas personas que han aprendido a rezar el rosario de esta forma.

Pero también tenemos que enseñar a otros a orar de esta forma. Muchos se sienten atraídos a permanecer en silencio a pesar de sí mismos o por casualidad, y se sienten culpables porque no completan el número fijado de oraciones vocales. El Espíritu los lleva a ese espacio sosesago, pero involuntariamente en ocasiones se oponen al Espíritu, que los llama al silencio, por causa de sus ideas preconcebidas. Antiguamente se recitaba un cierto número de misterios para ganar indulgencias.

Esta práctica ha disminuido actualmente y, sea cual fuese su valor, nunca se debería haber permitido que dificultara el movimiento del Espíritu que nos conduce a la contemplación. En ese descanso oímos la palabra de Dios en el nivel más profundo, somos incorporados a Jesucristo y comenzamos a asimilar lo que Pablo llama la "mente de Cristo" (1 Corintios 2, 16), que se podría resumir como la experiencia del Espíritu y las bienaventuranzas. Cuando los frutos del Espíritu se desbordan en nuestra vida diaria, experimentamos la plenitud real de la vida cristiana. Entonces la oración alimenta constantemente nuestra actividad diaria. Nuestro apostolado, la paternidad y la maternidad entre los misterios más grandes de la vida cristiana - se harán más efectivos.

Todo el propósito del rosario es conducir a esta experiencia profunda de Nuestra Señora, que junto con Jesús infunde el Espíritu en nosotros. Lo que importa es la calidad de la oración y no tanto la cantidad. El desarrollo de la fe y del amor es el fruto de la reflexión de los misterios del rosario y, especialmente, del descanso en ellos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Espiritualidad Mariana y contemplación.

El silencio de María

Cito un excelente texto de Pierre de Bérulle sobre el silencio de María:

“La acción de la Virgen consiste en estar en silencio y escuchar. Esa es su condición, su voz, su vida. Su vida es una vida de silencio que adora a la palabra eterna. ella veía delante de sus ojos, en su seno, en sus brazos, esa misma palabra, la palabra sustancial al Padre... Se quedaba callada, reducida al silencio durante la infancia del niño Jesús, María se sumerge en un nuevo silencio y en el silencio se transforma, siguiendo el ejemplo del verbo hecho carne, que es su hijo, su Dios, su único amor. Y su vida pasa de silencio en silencio. Del silencio de la adoración al de la transformación.”


Silencio interior y presencia de Dios

En nuestra casa en Roma trabaja un buen albanés que se llama Alois. Es un hombre muy laborioso, hábil, responsable, inteligente, agradable, siempre alegre. Escuché ruidos de martillo en la cocina y un locutor de radio de fondo. Sabiendo que seguramente se trataba de Alois, entré en la cocina para saludarle. Después de conversar un rato, le pregunté:

- ¿Por qué tienes la radio encendida? ¿No te gustaría trabajar en silencio?

- Me respondió: Pongo la radio para que me haga compañía.

- Tienes a Dios, le dije.

- Me respondió: Entonces ya somos tres.

El silencio exterior es necesario, pero lo que es determinante para percibir la presencia de Dios es el silencio interior, que no es vacío, sino actitud de escucha, es acto de presencia de Dios. Y en la presencia de Dios se está bien: “Mantengo mi alma en paz y en silencio como un niño destetado en brazos de su madre” (cf Sal 131)

Cuando las turbaciones o preocupaciones provoquen interferencias en nuestro corazón y no nos permitan alcanzar la quietud interior, es bueno recordar aquella escena en que iba Jesús en la barca con sus discípulos mientras les azotaba una fuerte tormenta y pedirle que así como después de su intervención “sobrevino una gran calma” (Mt 8, 26b), así también haga reinar la calma en nosotros.


El silencio es la condición ambiental que más favorece la contemplación.

Habiendo terminado de escribir este artículo pedí a un compañero que me ayudara a revisarlo y me dijo: El Papa acaba de hablar del silencio, conviene que lo lea. Me alegró descubrir que el tema de la audiencia del Santo Padre de este pasado miércoles 10 de agosto versó precisamente sobre el silencio. Reproduzco aquí las palabras del Papa a los peregrinos de lengua española durante la audiencia (y copio al final del artículo una traducción -no oficial- de la catequesis completa que impartió en italiano):

“Invito a todos en este tiempo a descubrir y contemplar la belleza de la creación, que a su vez revela al Creador, y a cultivar también el silencio interior, que dispone al recogimiento, a la meditación y a la oración, para favorecer el progreso espiritual mediante la escucha de la voz divina en lo profundo del alma.”

Nunca es tarde para formar el hábito del silencio interior. El amor de Dios es eterno, siempre es posible volver a la fuente aunque en la historia de nuestras vidas mucha agua se haya derramado aparentemente en balde. Dios, hoy, sigue diciéndonos al oído, con infinita paciencia: “Ojalá escuchéis hoy mi voz, no endurezcáis vuestro corazón”. (cf Sal 95, 7b-8a)

FUENTE: www.Catholic.net