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lunes, 19 de diciembre de 2011

Saludo Navideño.




En navidad nuestro corazón se llene de alegría
porque Dios Padre ha querido que veamos y
sintamos su desbordante amor en la pequeñez
de un niño recién nacido. En navidad el hombre
es abrazado por Dios completamente,
en especial su debilidad, su pecado, su desorden , y
sus bestias. Aquí encuentra su cuna, tal como lo
hizo en el pesebre de Belén.

Entonces, navidad es también nuestro propio nacimiento
porque Jesús nos viene a recordar el Sueño que Dios
tuvo con cada uno de nosotros, crearnos a su imagen y
semejanza. Por eso, navidad es el tiempo para volver la
a la originalidad del ser: hijos de Dios, para así
vivir en medio de la creación como hermano
de todos.

Que en esta navidad, el Emmanuel, el Dios con nosotros,
acompañe y transforme tu vida. Con cariño,

Fray Luís Cisternas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

LA NAVIDAD: El nacimiento del Hijo de Dios, y nuestro propio nacimiento.
















Durante estos días enormemente agitados, solemos escuchar a los mayores, especialmente a los padres y ancianos: "la navidad es para los niños". Al parecer la Encarnación del Hijo de Dios ha ido perdiendo su relevancia y profundo sentido para la vida del hombre. Hemos caricaturizado demasiado la navidad, y los mayores la viven solo funcionalmente, para satisfacer los deseos infantiles de los más pequeños. Por eso cada vez más abunda la demanda por los productos más requeridos por las nuevas generaciones, para así satisfacer en algo a los más pequeños y jóvenes.

Pero la celebración de cualquier misterio de Nuestro Señor, en este caso la Navidad, es una invitación no solo a observarla como un cómodo espectador desde el palco, sino a estar en medio de la escena como un verdadero protagonista junto a Jesús. Con esta disponibilidad nuestra vida cristiana puede ser más autentica y profunda, buscando adherirse a la persona de Jesús, nuestro Hermano y Señor.

Entonces, contemplar el nacimiento de Jesucristo: pequeño, sencillo, cercano y débil, es contemplar nuestra realidad humana. El Dios ausente se ha hecho presente, ha tomado contacto con la criatura, para revelar la inmensidad de su amor. Con su nacimiento nos ha querido amar, y amar en lo que somos: pobres y débiles, de ahí su encarnación y el lugar donde se realizó: un establo sucio y desordenado. Dios ha satisfecho el deseo humano de sentirse amado, "hasta el punto de que el hombre pueda decidirse a decir no al amor de otra criatura, por muy deseado que sea, porque este amor puede colmar el corazón humano y responder a su sed de afecto como ninguna criatura podrá jamás hacerlo" (Ritmo de la navidad: deseo satisfecho).

Así, en primer lugar Dios nos invita a reconocernos en lo frágil de nosotros mismos, como primer movimiento del Espíritu, para ser incluso amado ahí, y de este modo ir descubriendo al Padre de Jesús como también nuestro Padre que llena nuestros vacíos y miserias de su abundante amor. Hacernos conscientes de lo trágico de nuestra vida es solo un medio necesario para llevarnos a lo original, verdadero y esencial: lo que somos. En lo mas profundo el ser humano no es pecado, ni debilidad, sino pura bondad. Vivir la navidad como nuestro propio nacimiento, es llegar a la profundidad del corazón, al lugar donde Dios mismo ha soplado su Espíritu, ya que “la prueba de que eres hijo es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!” (Gálatas 4, 6).

Con el nacimiento de Jesucristo en Belén, Dios quiere comenzar nuevamente con nosotros. Quiere inducir y provocar un nuevo amanecer que funde toda nuestra vida, un nuevo nacimiento en el Espíritu, donde la edad o lo que parece ya estático o inmovible de nosotros mismos sea remecido por el Espíritu de Dios que vive en ti y en mí. Solo disponibles a un nuevo nacimiento podemos satisfacer el deseo de Dios: de amarnos, y nuestro deseo: de ser amados. Entonces, atrévete a dejarte llevar por el Espíritu Santo al fondo del corazón, para que vivas feliz y plenificado. Muchos pensaran en esta realidad como una posible enajenación o huida de la realidad contingente, como si el corazón fuera algo como ajeno y desintegrado de la realidad humana.

En el principio “dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…” (Génesis 1, 26) Este pasaje nos revela como fuimos creados por Dios, según su imagen, la imagen de su Hijo pensado desde la eternidad. El creador de todas las cosas se paseaba por el paraíso, ordenando y armonizando lo creado por sus manos, y aún dándole vida y comunicándose directamente con el ser humano. La relación intra- trinitaria, era también la relación del hombre con su creador. El hombre ha sido creado para el dialogo, la comunicación, y la donación, tal como lo vemos en su origen, pero queriendo tomar el puesto de Dios, su creador y más aún tomando autonomía frente a él, rompió y por lo tanto se desconecto de la fuente de su ser: El Espíritu que le revelaba su ser hijo, amado y dependiente de Dios.

Son cada día más, los hombres y mujeres que viven decaídos frente a la vida, con un vacío inexplicable y existencial, efecto del despego al corazón. Entonces, así puedes darte cuenta como estar en tu centro tiene consecuencias enormes en tu vida real, porque vivir en y desde el corazón supone recuperar la comunicación, el dialogo y la dependencia de Dios; porque solo quien es capaz de dialogar consigo mismo y con Dios, puede hacerlo con los demás, y solo quien ha vivido amado puede entregarse con madurez y libertad a los demás, sin necesidad de apegos.

Navidad es nuestro propio nacimiento en el Hijo Unigénito de Dios, Jesús, nuestro Hermano y Señor. Por eso, dejemos que él sea Dios en nosotros, solo tenemos que dejar desarrollar su presencia que vive, clama, grita, y susurra en nuestro interior. En navidad encontramos sintéticamente el sentido profundo de nuestras vidas y el remedio a nuestros vacíos: Tenemos un Padre que nos ama, y que nos ha hecho hijos suyos. Ahora solo falta que descansemos en él, que nos abandonemos y vivamos seguros como los niños en los brazos de su madre. La navidad nos recuerda y nos invita al lugar precioso de la memoria: el corazón donde el Espíritu no cesa de recordarnos nuestra pertenencia al Padre tierno y bondadoso.

En navidad recuperamos nuestro lugar y nuestra casa, nos convertimos en hombres y mujeres con identidad, que caminan libres y felices por la vida, siendo así testimonio de hombres nuevos, amados por su Padre Dios.

En definitiva, la navidad no es una fiesta solo para los más pequeños de nuestros hogares, sino para toda la humanidad que habiéndose identificado con las pasiones y los ídolos, siente en la profundidad nostalgia de Dios, porque su corazón (casa de Dios) sabe a quien le pertenecemos, cual es nuestro lugar y quienes somos de verdad. El equipamiento externo que hayamos construido y disfrutado en la vida, nos proporcionara ciertamente una satisfacción instantánea, placentera y efímera, pero llevándonos a buscar una y otra vez nuevas sensaciones que llenen el vacío dejado. Ir al corazón es por el contrario enfrentarse de verdad a tu vacío y dejar que Dios tome su lugar, para que nuestro deseo de amor sea satisfecho prologadamente y de verdad, porque solo Dios puede darle sentido a nuestras vidas.

Hermano… hermana, vuelve a tu corazón, ora, haz silencio.

Hno. Luís Cisternas, ofm.

martes, 22 de diciembre de 2009

LA NAVIDAD.


MARÍA NOS ENSEÑA A VIVIR LA NAVIDAD.



Que triste sería repetir cada año una navidad rutinaria y sin sentido religioso, movido por el simple aparataje y el gusto por las cosas. La Santísima Virgen María en este tiempo como en muchos otros, se nos hace maestra en nuestro peregrinar y nos enseña como podemos vivir la navidad. En navidad, como en la celebración de los otros misterios del Señor, estamos invitados a encarnar y dejarnos transfigurar o transformar por lo que celebramos. Entonces, la invitación de la navidad es: dejar nacer al Niño Dios, humilde y majestuoso a la vez. Vayamos a nuestro corazón, allí Jesucristo quiere recostar su cabeza y tomar posesión de su trono como el Rey amoroso que quiere gobernar nuestra vida. Solo dejándonos tomar por el Señor, podremos alcanzar la verdadera felicidad que perdura.


Este gran amor, que se nos derrama y regala en navidad, nos impulsa a compartirlo y por eso, tantos cristianos en este tiempo practicamos la caridad con mas fuerza. Queremos amar a los hombres, no solo por una sensibilidad social, sino sobre todo, porque Dios nos ha amado primero.


Todo esto, nos hace mirar a María, Madre de Dios y Madre nuestra, que llevó a Jesucristo en su seno. Nosotros hoy, somos invitados a ser nuevos tabernáculos vivientes del Dios Altísimo. Por eso, San Francisco de Asís decía: "Somos madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo (cf. 1 Cor 6,20), por el amor divino y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo (cf. Mt 5,16)" (Carta a todos los fieles).


Una feliz Navidad a todos!!!


Fr. Luís Cisternas Aguirre, ofm.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Saludo de Navidad.


Que en esta nueva celebración de la navidad, en que el Niño Dios se hace cuna para todo hombre y mujer, podamos renacer de Él y gozar así del amor del Padre que se nos revela en su Hijo Unigénito.

Que el niño tierno y humilde nacido en Belén, que ahora desea recostarse en tu corazón, pueda encontrar acogida y así puedas caminar acompañado del divino peregrino, Jesús.

Feliz navidad y un buen año nuevo,


Fr. Luís Andrés Cisternas Aguirre, ofm



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San Francisco de Asís y la navidad en Greccio.

“Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.
Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama …Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos (28) lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca…y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre (29) y el sacerdote goza de singular consolación”. (1 Celano cap XXX, 84-85).